El estudio físico-espacial constituye un componente estructural, en tanto permite interpretar el territorio no solo como soporte normativo, sino como una construcción histórica y morfológica resultante de la superposición de trazados, usos, intensidades y formas de ocupación que han configurado su estructura urbana actual. En el marco de la Ley de Desarrollo Urbano Sostenible y su Reglamento (D.S. N.° 012-2022-VIVIENDA), este componente se orienta a garantizar un uso eficiente, equitativo y sostenible del suelo, articulando la regulación urbanística con las dinámicas reales de crecimiento, transformación y apropiación del territorio.
Desde esta perspectiva, el análisis físico-espacial del Sector III, en la fase de diagnóstico, ha abordado la configuración y evolución de los usos del suelo, las alturas e intensidades edificatorias, la relación entre suelo urbano formal e informal, así como los patrones de expansión, consolidación y densificación, entendidos como procesos espaciales diferenciados que expresan tanto oportunidades de estructuración urbana como tensiones y desequilibrios territoriales. La lectura integrada de estos elementos ha permitido identificar desequilibrios territoriales, conflictos de uso, presiones sobre el suelo y riesgos asociados a procesos de ocupación no planificada. Estos elementos permiten evaluar el grado de coherencia entre el modelo urbano vigente, la normativa existente y las dinámicas efectivas de crecimiento urbano.
En la fase prospectiva, el estudio físico-espacial cumple un rol estratégico al proporcionar la base técnica para la construcción de escenarios de desarrollo del Sector III, considerando las tendencias actuales, los factores de cambio y las restricciones físico-ambientales y normativas del territorio. Estos escenarios no se conciben únicamente como proyecciones cuantitativas, sino como hipótesis espaciales que permiten evaluar distintas formas de organizar el suelo, regular la intensidad edificatoria y redefinir la relación entre centralidades, corredores urbanos y áreas residenciales. A partir de esta lectura prospectiva, se formulan lineamientos, objetivos y acciones estratégicas orientadas a consolidar un modelo urbano compacto, articulado y policéntrico, así como la reducción de brechas entre la ciudad formal e informal. El énfasis se coloca en el proyecto urbano como instrumento de ordenamiento, donde la regulación del suelo no se limita a la zonificación, sino que orienta la forma urbana, la localización de actividades y la calidad del espacio público.
Asimismo, este componente busca contribuir a la definición de la visión de desarrollo del Sector III dentro del sistema metropolitano, estableciendo criterios claros para la gestión anticipada del suelo, la protección de áreas estratégicas (suelo para sistema de equipamientos) y la orientación del crecimiento urbano hacia ámbitos con mayor capacidad de soporte y accesibilidad. De este modo, el estudio físico-espacial trasciende la descripción normativa del territorio y se constituye en una herramienta proyectual y prospectiva, capaz de orientar la toma de decisiones públicas, fortalecer la gobernanza metropolitana y contribuir a la construcción de una ciudad más equitativa, legible y sostenible al horizonte del PDM Cusco 2018–2038.