Toda ciudad es una construcción continua en el tiempo; sus trazas representan la acumulación de permanencias, transformaciones, decisiones y conflictos, como huellas de las distintas formas de producir y ocupar el territorio. Por eso, leer la ciudad no implica únicamente el reconocer lo existente sino interpretar esas huellas y comprender las relaciones que las han producido.
Cusco, leído desde esta condición, no es solo es un conjunto edificado; es también un valle y son sus laderas, quebradas, cursos de agua y espacios agrícolas las que conforman el soporte territorial sobre el cual se construyen las relaciones que producen ciudad.
De Llaqta a Metrópolis propone, en este sentido, no solo reconstruir una secuencia histórica, sino evidenciar como la ciudad actual es el resultado de la transformación progresiva de relaciones entre territorio, urbanización, demanda de vivienda y formas de habitar. Este proceso ha producido una ciudad cada vez más extensa y compleja, impulsada por el éxodo rural de mediados del siglo XX y por sucesivos desplazamientos poblacionales que, con distintas intensidades, persisten hasta hoy. Ante estas dinámicas, los instrumentos de planificación buscaron anticiparse a los procesos de transformación, ordenando y orientando el crecimiento. Cada plan formulado representa, así, una determinada idea de ciudad; sin embargo, entre la ciudad proyectada y la ciudad construida persistió y sigue persistiendo una brecha tangible.
La ciudad actual también es resultado de decisiones públicas y privadas, así como de formas de producción del hábitat, tanto formal como informal. De esta interacción emergen las condiciones urbanas que hoy vivimos: fragmentación, desigualdad y tensiones entre crecimiento, patrimonio y habitabilidad. Por lo que, comprender el presente requiere reconocer que las brechas que interpelan nuestro futuro no son hechos aislados, sino el resultado de un proceso acumulativo. El desafío que enfrentamos no consiste únicamente en determinar cuánto debe crecer nuestra ciudad, sino cómo debe construirse el territorio.
En este sentido, el presente libro propone leer Cusco como una construcción que comienza en el soporte territorial y las primeras formas de ocupación; que reconoce en la historia las capas que han configurado la ciudad; que observa en los planes las distintas ideas con las que se intentó conducir su transformación; que examina las formas mediante las cuales se produjo efectivamente el hábitat urbano; y que, finalmente, confronta esa trayectoria con las brechas que hoy condicionan la vida urbana.
Quizá ahí reside el sentido último de esta lectura: no mirar el Cusco únicamente como la ciudad que hemos heredado, sino como la ciudad que todavía estamos construyendo de manera colectiva.